Carta para mi hija
Hija mía, hoy te escribo con este ritmo lento, con el pecho abierto y el pasado en el viento. No vengo de un cuento, ni soy un héroe perfecto, vengo de ser un niño que creció con un hueco en el pecho. Yo no tuve un padre que me alzara del suelo, que me diera un consejo o me hablara sin un miedo. Faltaron sus pasos, su voz, su anhelo, pero aprendí que es lo que quiero. Y lo que quiero es darte lo que a mí me faltó, ser la mano que te sujeta cuando el mundo pesó. Ser el abrazo que te cura, tu refugio y tu sol, ser la calma que vuelve cuando algo dolió. Te prometo presencia, no promesas vacías, estar en tus noches, tus risas, tus días. Si caes, ahí estoy, si dudas, soy guía, si lloras, mi amor te hará de compañía. No voy a sufrir, no voy a perderme, voy a ser la raíz que ayude a crecerte. El pasado me dolió, pero no va a romperme, porque verte brillar me enseñó a rehacerme. Quizá el destino no me dio un ejemplo, pero tu nombre, pequeña, me construye desde dentro. Y aunque a veces falle, aunque a veces lo intento, siempre vuelvo a ti… tú eres mi cimiento. Así que escucha esta carta rimada, hecha de vida, de lucha y de nada. Solo sé que tu mano en la mía, entrelazada, es la historia que yo quise y nunca tuve en mi infancia robada. Hija mía, estos son mis sentimientos, estaré contigo hoy, mañana y en todo momento. Porque aunque yo crecí sin un padre en mi tiempo, contigo rompo el ciclo… y escribo un nuevo comienzo.
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