Mi Corazón Leal
Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Ya la saca al día, como lengua de fuego que se saca de en ínfimo purgatorio a la luz; ya me anego y me hundo en la ternura removida de un puedo que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego. Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Placer, amor, dolor... todo le es ultraje y estimula su cruel carrera logarítmica, sus ávidas mareas y su eterno oleaje. Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Es la mitra y la válvula... Yo me lo arrancaría para llevarlo en triunfo a conocer el día, la estola de violetas en los hombros del alba, 0 el cíngulo morado de los atardeceres, los astros, y el perímetro jovial de las mujeres. Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Desde una cumbre enhiesta yo lo he de lanzar como sangriento disco a la hoguera solar. Así extirparé el cáncer de mi fatiga dura, seré impasible por el este y el oeste, asistiré con una sonrisa depravad a las ineptitudes de la inepta cultura, y habrá en mi corazón la llama que le preste el incendio sinfónico de la esfera celeste. Ramón López Velarde
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Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Ya la saca al día, como lengua de fuego que se saca de en ínfimo purgatorio a la luz; ya me anego y me hundo en la ternura removida de un puedo que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego. Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Placer, amor, dolor... todo le es ultraje y estimula su cruel carrera logarítmica, sus ávidas mareas y su eterno oleaje. Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Es la mitra y la válvula... Yo me lo arrancaría para llevarlo en triunfo a conocer el día, la estola de violetas en los hombros del alba, 0 el cíngulo morado de los atardeceres, los astros, y el perímetro jovial de las mujeres. Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Desde una cumbre enhiesta yo lo he de lanzar como sangriento disco a la hoguera solar. Así extirparé el cáncer de mi fatiga dura, seré impasible por el este y el oeste, asistiré con una sonrisa depravad a las ineptitudes de la inepta cultura, y habrá en mi corazón la llama que le preste el incendio sinfónico de la esfera celeste. Ramón López Velarde