después de la vida

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después de la vida

Hey… no es casualidad si tu mirada me desarma, es memoria comprimida despertando como alarma. No es que crea en destinos escritos con tinta dorada, es que tu voz me suena a historia ya empezada. Fuimos fuego primitivo iluminando cavernas, dos sombras en la piedra prometiéndose eternas. Fuimos brújula y norte cruzando tormentas, pólvora y carta sellada entre guerras cruentas. Fuimos beso clandestino en balcones italianos, con Verona de testigo y la luna entre las manos. Romeo bajo tu ventana desafiando el apellido, dos familias contra el mundo… pero el mundo ya perdido. No aprendimos del veneno ni del filo del destino, porque amarnos fue más fuerte que cualquier pergamino. Si la historia nos separa, la reencarnación corrige, lo que Shakespeare hizo tragedia el universo lo redirige. Fuimos Augustos contando estrellas en Granada, infinito en lo pequeño, vida intensa aunque prestada. Tú mi Hazel enseñándome que el dolor también respira, que amar no evita el final… pero le cambia la salida. Fuimos cartas sin metáfora, cigarrillos sin encender, promesas en hospitales aprendiendo a no ceder. Porque el miedo a despedirse nunca pudo con nosotros, si el tiempo nos daba meses los volvíamos eternos. También fui aquel que aprendió a vivir antes de irse, como Will mirando el mundo sin querer despedirse. Y tú la fuerza inesperada, sonrisa que desafía, enseñándome que amar también es soltar un día. No te fíes de este rostro, cambia el traje, no el latido, he cambiado más de cuerpo que de forma de haberte querido. Fui soldado, fui poeta, fui el error que cometiste, pero en todas mis versiones siempre fuiste lo que elegiste. Y tú… tú eras paz antes del ruido, la voz que me encontraba cuando estaba perdido. La que sueña con la abuela diciendo bajito “no llores pequeña, el amor es infinito”. No es empatía, es simetría del alma partida, como espejo que respira recordando otra vida. Cuando tiemblas yo lo siento antes de que lo nombres, como si hubiéramos firmado con la sangre de los nombres. Somos teoría de cuerdas vibrando en frecuencia, dos partículas buscando la misma coincidencia. Big Bang repitiéndose cuando cruzas la puerta, el tiempo se hace mínimo, la memoria despierta. Hay personas que llegan y no dejan señales, pero tú eres cicatriz que atraviesa portales. Tú no pasas, tú te quedas aunque cambie el escenario, como un déjà vu insistente rayando el calendario. Tan conectados como herida y cicatriz, como lluvia que regresa a la misma raíz. Lo que callas me persigue, lo que niego me delata, porque el alma no se esconde cuando el destino la ata. No es música, es código grabado en el pecho, es un hilo rojo tenso atravesando el techo. Si no me rindo aunque el mundo me fracture, es porque al final del laberinto siempre vuelvo a buscarte. Quizá fui la promesa que rompiste en invierno, quizá fuiste la caída que me hizo eterno. Pero si al mirarme sientes vértigo en la piel, no es miedo… es el pasado diciendo “es él”. ¿Cuántas veces coincidimos por segundos? ¿Cuántas vidas nos rozamos en distintos mundos? He seguido tu energía entre millones de latidos, como astrónomo obsesivo leyendo cielos repetidos. Y si esta historia vuelve a llamarse despedida, no digas que termina lo que trasciende la vida. Que aunque el cuerpo no recuerde lo vivido, hay algo más profundo que el olvido. Mírame fijo… dime si no lo presientes: que ya nos prometimos esto antes de ser conscientes. Estoy listo para volver a encontrarte, aunque el tiempo nos borre el arte. Porque si el universo vuelve a expandirse y dividirse, voy a cruzar cada vida… hasta volver a coincidirte.

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3 months ago

Hey… no es casualidad si tu mirada me desarma, es memoria comprimida despertando como alarma. No es que crea en destinos escritos con tinta dorada, es que tu voz me suena a historia ya empezada. Fuimos fuego primitivo iluminando cavernas, dos sombras en la piedra prometiéndose eternas. Fuimos brújula y norte cruzando tormentas, pólvora y carta sellada entre guerras cruentas. Fuimos beso clandestino en balcones italianos, con Verona de testigo y la luna entre las manos. Romeo bajo tu ventana desafiando el apellido, dos familias contra el mundo… pero el mundo ya perdido. No aprendimos del veneno ni del filo del destino, porque amarnos fue más fuerte que cualquier pergamino. Si la historia nos separa, la reencarnación corrige, lo que Shakespeare hizo tragedia el universo lo redirige. Fuimos Augustos contando estrellas en Granada, infinito en lo pequeño, vida intensa aunque prestada. Tú mi Hazel enseñándome que el dolor también respira, que amar no evita el final… pero le cambia la salida. Fuimos cartas sin metáfora, cigarrillos sin encender, promesas en hospitales aprendiendo a no ceder. Porque el miedo a despedirse nunca pudo con nosotros, si el tiempo nos daba meses los volvíamos eternos. También fui aquel que aprendió a vivir antes de irse, como Will mirando el mundo sin querer despedirse. Y tú la fuerza inesperada, sonrisa que desafía, enseñándome que amar también es soltar un día. No te fíes de este rostro, cambia el traje, no el latido, he cambiado más de cuerpo que de forma de haberte querido. Fui soldado, fui poeta, fui el error que cometiste, pero en todas mis versiones siempre fuiste lo que elegiste. Y tú… tú eras paz antes del ruido, la voz que me encontraba cuando estaba perdido. La que sueña con la abuela diciendo bajito “no llores pequeña, el amor es infinito”. No es empatía, es simetría del alma partida, como espejo que respira recordando otra vida. Cuando tiemblas yo lo siento antes de que lo nombres, como si hubiéramos firmado con la sangre de los nombres. Somos teoría de cuerdas vibrando en frecuencia, dos partículas buscando la misma coincidencia. Big Bang repitiéndose cuando cruzas la puerta, el tiempo se hace mínimo, la memoria despierta. Hay personas que llegan y no dejan señales, pero tú eres cicatriz que atraviesa portales. Tú no pasas, tú te quedas aunque cambie el escenario, como un déjà vu insistente rayando el calendario. Tan conectados como herida y cicatriz, como lluvia que regresa a la misma raíz. Lo que callas me persigue, lo que niego me delata, porque el alma no se esconde cuando el destino la ata. No es música, es código grabado en el pecho, es un hilo rojo tenso atravesando el techo. Si no me rindo aunque el mundo me fracture, es porque al final del laberinto siempre vuelvo a buscarte. Quizá fui la promesa que rompiste en invierno, quizá fuiste la caída que me hizo eterno. Pero si al mirarme sientes vértigo en la piel, no es miedo… es el pasado diciendo “es él”. ¿Cuántas veces coincidimos por segundos? ¿Cuántas vidas nos rozamos en distintos mundos? He seguido tu energía entre millones de latidos, como astrónomo obsesivo leyendo cielos repetidos. Y si esta historia vuelve a llamarse despedida, no digas que termina lo que trasciende la vida. Que aunque el cuerpo no recuerde lo vivido, hay algo más profundo que el olvido. Mírame fijo… dime si no lo presientes: que ya nos prometimos esto antes de ser conscientes. Estoy listo para volver a encontrarte, aunque el tiempo nos borre el arte. Porque si el universo vuelve a expandirse y dividirse, voy a cruzar cada vida… hasta volver a coincidirte.

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