No creo en el amor
No creo en el amor Parce, Ji l no creo en el amor y escribo poemas en versos, líneas que respiran solas, palabras que nacen muertas pero cuando las suelto caminan por el universo. Son realidades virtuales creadas en mi mente, experiencias invisibles que solo entiende el que siente. Parce, alimentado por sombras de mi pasado, por mucho tiempo estuve hipnotizado, cegado… haciendo lo que todos hacían como si eso fuera la vida. Buscando amores efímeros en cada esquina, abrazos que duran horas pero dejan heridas que duran décadas. Parce, no creo en el amor porque sé que nadie puede amarme más de lo que yo mismo me amo. En un mundo condenado donde el amor se volvió negocio comprado, donde sobrevivir se convirtió en riqueza y nadie pregunta cuánto dolor hay debajo del dorado. La vida es pasajera pero el humano se aferra a los lujos, prefiere brillar por fuera antes que descubrir que la vida es más duradera cuando no persigues ilusiones que después te condenan. Parce, el amor en este mundo como los dinosaurios también se extinguió. El último murió el día que te fuiste de mi vida, mor. Pero más que tu partida me dolió entender que el único enamorado era yo y todo lo vivido fue una ilusión creada por mi corazón. Parce, ese día abrí los ojos y vi lo que había detrás del escenario. Demonios vestidos de fe, predicando amor con palabras bonitas mientras bailaban sonidos con vibraciones negativas. Manipulando expectativas como si las almas fueran fichas en un tablero de estrategias emocionales. Parce, no creo en el amor más que en el de mi Padre celestial. Porque ahí lo encontré… en silencio.No soy religioso ni ateo. Solo soy testigo de algo que es más real que cualquier templo de concreto. Porque si el Padre vive en el amor entonces el amor vive dentro. Y si vive dentro entonces nosotros somos el templo. Pero el humano se perdió adorando paredes y olvidando su propio centro. Parce, el amor verdadero no vive en automático. No es rutina, no es contrato, no es promesa firmada frente a testigos. El amor verdadero es estoico, empático, a veces loco, a veces lunático. Pero siempre libre. Porque amar con cadenas no es amar, es domesticar el alma. Parce, la numerología antigua lo decía en silencio. El dos refleja unión. El diez refleja creación. Pero la humanidad olvidó los símbolos y ahora confunde amor con posesión. Parce, no creo en el amor de este mundo. Porque aquí si no te sometes o te humillas si no compites o compras mentiras… no eres apto para que te den trato. Aquí te quieren si eres útil. Aquí te aman si encajas en la foto. Aquí te abrazan si sirves de trofeo. Pero si eres libre te llaman loco. No creo en el amor, me gusta quien soy. Porque aquí si no eres lo que ella quiere no sirves para mostrar en redes. Y si no encajas con la manada solo sobras. No eres nada. Parce, no creo en el amor me gusta la libertad. Porque aquí te quieren prisionero de expectativas invisibles. No puedes hacer tu voluntad sin que alguien te llame egoísta. Tienes que vivir de emociones prestadas o te clasifican como humano defectuoso. No creo en el amor de este mundo porque me gusta mi paz. Y aquí una relación muchas veces es guerra silenciosa. Peleas, engaños, celos, desvelos. Nada que ver con el amor espiritual que mi alma anhela. Parce, en este mundo de fonética rota hasta la palabra love terminó siendo insulto. Ser tonto, estúpido, idiota. Las palabras bonitas ya no crean realidades. Solo crean fantasías que duran lo que dura la dopamina. Ahora esperan que todo lo cree la inteligencia artificial. Poesías con letras vacías escritas por máquinas para corazones dormidos. Pero yo sigo aquí escribiendo desde las sombras. No para vender amor. Sino para recordar que el único amor real es el que nace adentro cuando el alma deja de mendigar afuera. Parce… por eso no creo en el amor. Pero creo en la verdad. Y a veces la verdad duele más que cualquier despedida.
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