pa que no me borren
Esto no es pa’ la radio, ni pa’ que lo repitan en TikTok con filtro bonito. Esto es pa’ dejar cicatriz en los oídos. --- (Verso) Yo no escribo pa’ sonar bonito, yo escupo verdades que duelen más que el grito de una madre buscando a su hijo en el monte, mientras los drones filman pa’l noticiero del norte. Tengo la rabia de un pueblo que no sale en Netflix, de barrios donde los libros son tan raros como los jetskis. Donde la vida es prestada y la muerte paga alquiler, y el futuro lo embalsaman con promesas de papel. No me visto de Gucci ni de Prada, me visto de historia silenciada y memoria apuñalada. Mi flow no tiene precio ni medida, es el eco de un continente que aún sangra, pero respira. Latinoamérica no es una postal de palmeras, es selva, es mina, es huelga, es frontera. Es la abuela que crió a cinco sola, y aún así rezaba por el mundo mientras le robaban la olla. No vine a complacer al algoritmo, vine a romper el sistema como un virus sin ritmo. Pa’ que el arte vuelva a ser resistencia, y no solo un producto que se mide en tendencias. --- (Coro cantado con voz rasgada, melancólica) Yo escribo pa’ que no me borren, pa’ que el silencio no me ahogue. Con cada verso me desahogo, con cada letra sangro y me escondo. Pero nunca me rindo… nunca me rindo. --- (Verso final) No soy influencer, soy interferencia, soy lo que incomoda, lo que no tiene licencia. El que te dice que el cambio empieza sin permiso, y que a veces el arte es más verdad que el periodismo. Me persigno con rabia y me santiguo con dudas, mis palabras no caducan como modas absurdas. No vine a ser leyenda, vine a ser espejo, pa’ que veas en mis letras lo que escondés en el pecho.
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Esto no es pa’ la radio, ni pa’ que lo repitan en TikTok con filtro bonito. Esto es pa’ dejar cicatriz en los oídos. --- (Verso) Yo no escribo pa’ sonar bonito, yo escupo verdades que duelen más que el grito de una madre buscando a su hijo en el monte, mientras los drones filman pa’l noticiero del norte. Tengo la rabia de un pueblo que no sale en Netflix, de barrios donde los libros son tan raros como los jetskis. Donde la vida es prestada y la muerte paga alquiler, y el futuro lo embalsaman con promesas de papel. No me visto de Gucci ni de Prada, me visto de historia silenciada y memoria apuñalada. Mi flow no tiene precio ni medida, es el eco de un continente que aún sangra, pero respira. Latinoamérica no es una postal de palmeras, es selva, es mina, es huelga, es frontera. Es la abuela que crió a cinco sola, y aún así rezaba por el mundo mientras le robaban la olla. No vine a complacer al algoritmo, vine a romper el sistema como un virus sin ritmo. Pa’ que el arte vuelva a ser resistencia, y no solo un producto que se mide en tendencias. --- (Coro cantado con voz rasgada, melancólica) Yo escribo pa’ que no me borren, pa’ que el silencio no me ahogue. Con cada verso me desahogo, con cada letra sangro y me escondo. Pero nunca me rindo… nunca me rindo. --- (Verso final) No soy influencer, soy interferencia, soy lo que incomoda, lo que no tiene licencia. El que te dice que el cambio empieza sin permiso, y que a veces el arte es más verdad que el periodismo. Me persigno con rabia y me santiguo con dudas, mis palabras no caducan como modas absurdas. No vine a ser leyenda, vine a ser espejo, pa’ que veas en mis letras lo que escondés en el pecho.