mi castigo
Que se venga mi castigo para siempre, en la sombra de la vida, el peso es fuerte. Le pido a Diosito que cuide de mi madre, sus lágrimas son mares, su dolor un estandarte. Platicando con la muerte, en susurros callados, cada día es un reto, el futuro incierto y marcado. Recuerdos que me abruman, pesadillas en el sueño, la soledad me abraza, el silencio es mi dueño. Caminos de espinas, sin rumbo y sin fe, cada paso que doy, es un eco del ayer. En la penumbra busco respuestas que no tengo, gritos en mi mente, pero el mundo no los siento. El reloj avanza, las horas son crueles, entre sombras y luces, lucho con mis muelles. Que se venga mi castigo, lo llevo en el pecho, pero nunca olvidaré lo que es amor, lo que es hecho Que se venga mi castigo para siempre, en la sombra del dolor, la vida es un serpiente. Le pido a diosito que no sufra mi madre, platicando con la muerte, en un mundo tan padre. Las calles me miran, susurros en el viento, cada paso que doy, siento el lamento. Caminos oscuros, la esperanza se esconde, cada lágrima caída, un recuerdo que responde. La noche me abraza, sus sombras me atrapan, los sueños se rompen, las promesas se escapan. En el eco del silencio, mis gritos se ahogan, buscando el perdón, mientras las almas rogan. La vida es un juego, y yo soy el peón, jugando con fuego, en esta situación. Aunque el peso es pesado, sigo en la lucha, con el alma desgarrada, pero nunca en la escucha
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Que se venga mi castigo para siempre, en la sombra de la vida, el peso es fuerte. Le pido a Diosito que cuide de mi madre, sus lágrimas son mares, su dolor un estandarte. Platicando con la muerte, en susurros callados, cada día es un reto, el futuro incierto y marcado. Recuerdos que me abruman, pesadillas en el sueño, la soledad me abraza, el silencio es mi dueño. Caminos de espinas, sin rumbo y sin fe, cada paso que doy, es un eco del ayer. En la penumbra busco respuestas que no tengo, gritos en mi mente, pero el mundo no los siento. El reloj avanza, las horas son crueles, entre sombras y luces, lucho con mis muelles. Que se venga mi castigo, lo llevo en el pecho, pero nunca olvidaré lo que es amor, lo que es hecho Que se venga mi castigo para siempre, en la sombra del dolor, la vida es un serpiente. Le pido a diosito que no sufra mi madre, platicando con la muerte, en un mundo tan padre. Las calles me miran, susurros en el viento, cada paso que doy, siento el lamento. Caminos oscuros, la esperanza se esconde, cada lágrima caída, un recuerdo que responde. La noche me abraza, sus sombras me atrapan, los sueños se rompen, las promesas se escapan. En el eco del silencio, mis gritos se ahogan, buscando el perdón, mientras las almas rogan. La vida es un juego, y yo soy el peón, jugando con fuego, en esta situación. Aunque el peso es pesado, sigo en la lucha, con el alma desgarrada, pero nunca en la escucha
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